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martes, 18 de octubre de 2011

VALORES HUMANOS: LA HONESTIDAD

LA HONESTIDAD

Es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).

Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, "son como son" y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.

La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.

Lo que no es la honestidad:

- No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.

- No es el mero reconocimiento de las emociones "así me siento" o "es lo que verdaderamente siento". Ser honesto, además implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.

- No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de "no esconder quien realmente somos", implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.

- No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.

Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma y busca la sombra, el encubrimiento: es una disposición a vivir en la oscuridad.

La honestidad, en cambio, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz, la luz de la verdad.

Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar

lunes, 26 de enero de 2009

Besos...besos!!


-Con algo tan sencillo como un beso la presión arterial puede aumentar de 70 a 150 pulsaciones por minuto, el corazón puede bombear un litro más de sangre, y un beso apasionado puede provocar un cambio tan brusco en el cuerpo que, según los científicos, puede acortar nuestra vida hasta en tres minutos.

-El beso es el paso casi obligado antes de comenzar el acto sexual; con él, los enamorados se intercambian descargas bioeléctricas positivas que provocan la excitación, claro que a veces significan una reconciliación. En cualquier caso, todos necesitamos besar y ser besados para alcanzar el equilibrio emocional.

-En las zonas de África y Asia el beso de pareja es habitual, se da con la nariz y contiene una carga sexual parecida a la nuestra, los esquimales frotan su apéndice nasal para saludarse, también en Samoa se huelen y en Gambia y la zona alta de Níger se frotan el rostro. En Laponia, África, Polinesia, Malasia, China y sudeste de la India, lo más erótico consiste en acercar la nariz a la mejilla de la persona deseada, inhalar, bajar los párpados y chasquear los labios sin llegar a tocarla; aún hoy, muchas de estas culturas califican nuestros besos en la boca como una práctica de origen caníbal.

No se ustedes, pero yo prefiero que se me acorte la vida lo que sea necesario y que me llamen canibal, jajaja.

sábado, 3 de enero de 2009

Amor bifásico



Quienes aman o hayan amado posiblemente también conozcan los sinsabores de ese tan preciado sentimiento. Es posible que haya amor sin desamor?

Hace algunos días en una charla de amigas surgió el tema cuando María, de 33 años y recién separada, afirmaba no tener más ganas de arriesgar en el amor.

"Basta, hasta acá llegué. ¿De qué sirve enamorarte si después todo se termina? Yo ya no sufro más", le decía al resto con una angustia que le entrecortaba las palabras (sin exagerar).

Y aunque el resto la retaba y justificaba su desazón post separación diciendo que era normal su pensamiento "hasta que se le volviera a cruzar alguien que le interesara en su camino", Laura -otra de las presentes, de novia desde hace algunos meses- arremetió confesando que sus miedos no la dejaban disfrutar a pleno de su relación.

"Si estoy muy feliz, siento que eso en algún momento va a tener un fin. Mi psicóloga me dice que ahuyente ese tipo de ideas porque -de una u otra forma- voy a trabajar inconscientemente para que se cumplan", lloriqueaba.

¿Por qué si el amor implica tanto miedo a sufrir, nos seguimos arriesgando? Es simple: amar y ser amada/o puede ser algo increíblemente maravilloso. Cuando pensamos en el amor correspondido y en el enamoramiento, lo primero que se nos viene a la cabeza es una situación idílica, de total felicidad.

Es por eso que para muchos, el deseo de amar y que nos amen es uno de los principales en nuestras vidas. Estar en una relación estable y tener a alguien especial en quien pensar o que nos piense, es una de las sensaciones más fortificantes que todo ser humano puede experimentar.

Una persona enamorada seguramente tendrá mejor humor y sembrará alegría a donde quiera que vaya. Pero, lamentablemente, es éste sólo el lado bueno de la luna. Sólo una cara de la moneda. Si ánimos de desilusionar al lector enamorado, cierto es que el amor también cuenta con una cara oscura y muy dolorosa: el desamor.

Toda esa energía que da lo bueno de este sentimiento se traduce en un inmenso dolor, inseguridad, incertidumbre y sufrimiento cuando en una pareja hay un quiebre, crisis o separación. Los que aman o hayan amado bien lo saben. Es casi imposible vivir un lado de esta historia sin experimentar, al menos por un momento de nuestras vidas, el otro.

La naturaleza del amor hace que quien lo vive – ciertas veces- tenga que atravesar su cara y su cruz. Y no está mal que eso ocurra, seguramente nos hará fuertes y dejará aprendizajes que si sabemos capitalizar, bien podrán servirnos para experiencias futuras. Si fuera por uno, claro que sólo elegiríamos el lado bueno, el del placer, pero nada que se viva intensamente excluye un riesgo. Y es ahí, que quienes jugamos este juego a corazón abierto, nos exponemos a sus complicaciones que también pueden incluir hastío y desilusión.

Pero es real que si miramos hacia nuestros lados, por más ex (en plural) y recaídas que existan en nuestro haber, insistimos en su búsqueda. Es que sin dudas, vale más amar y desamar que no haber amado nunca jamás. Para vos, ¿el amor incluye riesgo y dolor? ¿Creés que el desamor hace que valores más el placer?

Analia Sanchez

Fuente: Ciudad.com

 

jueves, 11 de diciembre de 2008

Hombres y mujeres, dos formas de comunicarse  

 

Es muy comentada la dificultad de los hombres para expresar sus emociones. Y esto es cierto. Debido a que para ellos la conversación no consiste en conocer al otro, sino en una especie de deporte competitivo donde hay que probar algo. Los hombres tienen objetivos en la conversación y muchas veces su empeño más o menos sutil, consiste en cambiar las ideas o las acciones de alguien. Rara vez se deja entrever una emoción para que pueda darse la “ventilación emocional”. Esto es muy practicado habitualmente entre las mujeres y al hombre suele parecerle como una actitud un poco de indulgencia, como acaparar la atención de los demás hablando de ellas mismas. 


El lenguaje de los hombres es en parte idioma, en parte código, en parte señales. 


No es un arte para aproximarse al otro sino una forma racional de comunicación, donde se suprimen los sentimientos y así se puede evitar el sentirse comprometido. 
Los hombres deberían saber que no hay ganadores en una conversación. Eso sucede propiamente en los debates, donde el objetivo es demostrar algo. El sentido verdadero de la conversación es la cooperación y la integración, buscando la sorpresa, deleite, el juego amistoso en el mejor de los casos.

El lenguaje de los hombres es un lenguaje de hechos, de cosas cuantificables, verificables, concretas y que se puedan definir. Rara vez permiten algo tan fugaz como una emoción que es un lenguaje sin palabras y que no se sabe bien a donde te lleva. Los hombres tienden a hablar con sus parejas cuando tiene problemáticas, como si fueran dos abogados. 
Los hombres no es que tengan menos habilidades que las mujeres es que sencillamente tienen otros objetivos, controlar y principalmente ganar. Esto obstaculiza bastante el punto básico de apertura necesario para relacionarse. 

Las revistas masculinas enfatizan sobre todo la información, los resultados, los hechos. Los problemas propios de los hombres es lo último de lo que ellos quieren enterarse, no quieren leer nada negativo de ellos mismos. No quieren verse de esa manera y así evitan la introyección. Es decir el mirar hacia adentro. 

Las revistas de las mujeres, en cambio hablan de los distintos problemas y de cómo solucionarlos. Ponen el acento en analizar y buscar alternativas. 

Los hombres tienen también arranques emocionales e intuiciones pero están entrenados para no fiarse de ellos. Sienten de igual manera pero se sienten confundidos porque su vocabulario emocional no es el más adecuado y se pierden fácilmente. Las mujeres también pueden perderse por el extremo opuesto en una tiranía emocional inmadura y desproporcionada que las aleja de la realidad de las cosas y ponen a un hombre en un estado de desconcierto total. 
En conclusión el lenguaje de los varones y el de las féminas es bastante diferente. Ellos se expresan de una manera más bien plana, uniforme, sin emoción. Ellas en cambio, son un paisaje emocional con énfasis, curvas, en cierto modo un mundo imprevisible. El diría “este es un buen libro” mientras que para una mujer sería “un libro maravilloso”. Ellas tienden a irse a los extremos. El puede estar enfadado, ella indignada. Ellos se expresan de una forma más monótona, ellas tienden a mostrar la emoción, riéndose de manera exagerada si es el caso, o alzando la voz o declarando su enfado sin disimulo; en general más expresivas en el sentido teatral. El siempre tendrá la tendencia a esconderse detrás de lo que siente para evaluar sus posibilidades en la situación. Ellas tienen un carácter cooperativo y se implican directamente, ellos por su parte tienden a la competencia y tienen que pensárselo. 

Las mujeres por otro lado, tienen sus propios ritmos y son más sensibles que los hombres en el plano físico y biológico. La menstruación y el flujo de hormonas las agarran y las hacen más cambiantes en su ánimo. Su sutileza también las puede hacer más vulnerables. En general los hombres no entienden nada de esto porque ellos viven su cuerpo de otra manera y muchos lo consideran una exageración más, propia de mujeres. 

Hay una forma de comunicación que usan mucho los hombres: es la “indirecta” es una forma de protegerse, así se tantea la reacción de una mujer, valorando hasta donde se puede llegar. Hablar directo invita a respuesta directa, transparencia llama a transparencia. La indirecta permite un margen de control donde uno no se arriesga y así se puede volver a atrás si así lo decide. 

Las bromas son una forma de indirecta, los adolescentes la usan mucho entre ellos, igual que los adultos en su trato con los niños. Este tipo de comunicación que puede ir de lo divertido a lo jocoso es como un juego de espejos cruzados donde todo significa algo, pero no lo que parece. Esta es una forma en que los hombres manifiestan un poco sus sentimientos y emociones. “Algo es algo”. 

Se puede ver el grado de acercamiento en una conversación en como se va cambiando de manejo de información a la revelación de emociones. Esto es lo que verdaderamente acerca a dos personas. Las nuevas relaciones empiezan conversando sobre hechos, después con el tiempo se entra en las opiniones de las cosas, finalmente si ha surgido la amistad surgirán las emociones. 

Hay dos temas clásicos en las conversaciones de los hombres: los deportes y el sexo. En principio ellos hablan del trabajo que es un tema que tiene “hechos” y “objetivos” y que además tiende a la competitividad. También hablan de las cosas de la familia. Pero probablemente la conversación derive más tarde o más temprano a hablar de deportes o de sexo. El primero es de naturaleza competitiva “per sé” y el segundo se ve en términos de hechos: hazañas y éxitos sexuales más o menos verdaderos, tamaño del pene etc. 

Cuando los hombres se hacen más mayores decae a veces su interés por el deporte y las conversaciones sobre sexo se hacen más prudentes. El foco de las bromas sexuales se aparta de las historias fantaseadas en la adolescencia sobre éxitos y excesos y la sensación de no haber satisfecho esos deseos de juventud se convierte en algo incomodo de compartir. En su lugar se bromea y se hacen chistes cómodamente impersonales sobre impotencia, prostitutas, homosexualidad y tamaño del pene. 

Una mujer podría preguntar: ¿por qué les resulta tan difícil a los hombres decir -te amo? estas palabras poseen una magia para la mayoría de las mujeres que su ausencia se les hace inaceptable. Muchos hombres se resisten y dirían que ya se lo han dicho en comentarios rutinarios, con gestos a los que se les pone énfasis especial y que estas “dos palabritas” las mujeres la cargan con demasiado peso emocional. No es que los hombres no expresen afecto y amor sino que el modo en que lo hacen, a las mujeres no les parece eso… una expresión de amor. Por otro lado es muy raro que los hombres expresen afecto entre ellos, solo en situaciones extremas. Esto les conecta con una parte que generalmente no saben manejar. 
A veces los hombres expresan afecto a las mujeres como lo hacen con sus amigos varones: bromeando, quizás una palmadita en la espalda, hablar con indirectas. 

En realidad el problema está en no saber reconocer el lenguaje que usa el otro y el no ser capaz de usar los dos lenguajes para tener más amplitud en la relación. El lenguaje de los hechos y el lenguaje de lo que sentimos mientras suceden esos hechos. En la práctica esto supone un gran número de confusiones en las relaciones entre las personas y muchas veces cada cual “se monta” su propia opinión de “lo que se supone que me quería decir el otro” por tanto mucho más difícil todavía poder expresar amor y afecto que es lo que nutre una relación y la hace satisfactoria y duradera. 

De esta manera se ve claro que mostrar las emociones sin miedo, de manera equilibrada y oportuna es una garantía para que una relación sea positiva. El plano de las emociones es lo que verdaderamente une a la gente y la comunicación es lo que ajusta y modela esa comunicación para el beneficio de dos personas.

 

La forma de comunicarse y expresarse de hombres y mujeres, puede parecer en algún caso una conversación donde no se habla el mismo idioma. Cada cual está en lo suyo propio y muchas veces es imposible un verdadero contacto donde cada una de las partes, pueda sentir el descubrimiento del otro.

 

Juan Bautista Pino